domingo, 3 de abril de 2016

160403

Pelo


Cruje el trueno mecánico, cristalino,
muestra el crimen, su trofeo,
yace atónito, crispado,
acribillado cruelmente, en el suelo.
Inútil, ahora apócrifo.
Va ganando allá en el suelo
un contorno casi críptico
disfrazado de pañuelos.
¿Cuál fue el crimen que te trajo
a esta corte de verdugos,
para dar en sacrificio
el cuerpo así, guillotinado?
Basta recordar el seco crispar de las cuchillas
y los cristales en el fondo
para erizar calladamente
los pellejos.
El titiritero con las manos de puñales
tiene en vez de sangre fría
un traje de verdugo
y la cara descubierta,
para hacer impunemente
el trabajo que hace el tiempo
cuando descuenta pulcramente
de la nuca cada pelo.

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