Pelo
Cruje el trueno mecánico, cristalino,
muestra el crimen, su
trofeo,
yace atónito,
crispado,
acribillado
cruelmente, en el suelo.
Inútil, ahora
apócrifo.
Va ganando allá en el
suelo
un contorno casi
críptico
disfrazado de pañuelos.
¿Cuál fue el crimen
que te trajo
a esta corte de
verdugos,
para dar en
sacrificio
el cuerpo así,
guillotinado?
Basta recordar el
seco crispar de las cuchillas
y los cristales en el
fondo
para erizar
calladamente
los pellejos.
El titiritero con las
manos de puñales
tiene en vez de
sangre fría
un traje de verdugo
y la cara
descubierta,
para hacer
impunemente
el trabajo que hace
el tiempo
cuando descuenta
pulcramente
de la nuca cada pelo.
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